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Introducción

El objeto del presente Trabajo de Investigación es obtener la Suficiencia Investigadora como colofón a la realización de los diversos cursos de Doctorado en Ciencias de la Educación, Departamento de Teoría e Historia de la Educación. Aunque este trabajo tendría que haber cubierto SIETE créditos para completar los treinta y dos reglamentarios, la matrícula se suscribió por ocho créditos.

Al elegir el tema, pensamos en realizar una investigación que tuviera una cierta utilidad práctica, de forma que todo nuestro esfuerzo no concluyese con la exclusiva superación de los créditos en litigio.

Ejerciendo la docencia en el Instituto de Bachillerato de Fuengirola, nos pareció una buena idea rescatar del olvido una ingente documentación que permita aproximarnos a la intrahistoria de esta institución a lo largo de sus 22 años de existencia.

El Instituto de Bachillerato de Fuengirola abrió sus puertas durante el último trimestre de 1975, sin que existan archivos informáticos de sus primeros diez años de funcionamiento. En el curso 1986-87 se producen los primeros tímidos intentos de informatizar el centro, pero los programas y datos parecen haberse perdido. El Registro de Matrícula se dejó de usar durante el curso 1991-92, de lo cual parece deducirse que fue ese año académico el que contó con el primer archivo informático de matrículas. De hecho, hemos encontrado esos archivos, aunque incomprensiblemente no existen datos grabados, es decir, están vacíos. El Centro dispone de archivos informatizados con la matrícula de alumnos de los tres últimos cursos (94-95, 95-96 y 96-97), por lo que procuraremos averiguar qué ha pasado con los censos escolares de los tres años inmediatamente anteriores.

De los dos primeros años apenas si existen documentos archivados. Sólo disponemos de unos archivadores manuales, con una contabilidad rudimentaria, y de unos archivadores metálicos con carpetas, una por cada alumno matriculado y en la que consta el expediente académico de ese alumno. Cualquier búsqueda de datos requiere un trabajo de chinos; por ejemplo, hacer un simple cuadrante de los alumnos matriculados en el curso escolar 76-77 para clasificarlos por cursos nos exigiría revisar manualmente alrededor de 300 carpetas, separando a los alumnos que promocionaron del curso anterior de los que repiten, incorporando las altas y excluyendo las bajas que se hubieran producido: un verdadero trabajo de chinos.

Pero nadie de la institución sabe, con cierto rigor, cuántos alumnos estudiaron en el Instituto en sus dos primeros años de vida. Incluso el tercer año (curso académico 77-78) también es parco en datos, aunque mejora sensiblemente frente a los dos anteriores. En el cuarto año ya aparece la MEMORIA del curso académico, lo que da una información muy valiosa de los aspectos más destacados del mismo.

Sin embargo, los listados de alumnos no aparecen hasta el curso 1982-83, año en el que entra en vigor el Registro de Matrícula, por lo que cualquier referencia anterior hay que buscarla en las carpetas individuales, salvo el cómputo de alumnos por grupos o cursos que irán apareciendo en las memorias anuales del Centro.

Por otro lado, entender por qué no hay memorias de los primeros cursos, por qué aparece repentinamente el Consejo Asesor, por qué no hay actas de claustro de los dos primeros años, etcétera, requiere un conocimiento de las disposiciones legales vigente en cada momento. Sólo así la praxis académica cobrará su sentido pleno. Por esto haremos un breve recorrido por la Ley General de Educación, Plan de Estudios del Bachillerato y Reglamento Orgánico de los Institutos Nacionales de Bachillerato.

También queremos hacer una incursión en el siglo XIX para asistir al nacimiento de los primeros Institutos de Enseñanza Secundaria, acabando este capítulo con una referencia al traspaso de competencias de la Administración del Estado a la Junta de Andalucía en materia educativa.

Contextualizado así nuestro tema, pasaremos revista al Colegio Reconocido del Ayuntamiento de Fuengirola, antecedente inmediato del Instituto de Bachillerato para deternos en el tema que verdaderamente nos interesa: la historia o intrahistoria de esta institución.

El esbozo de historia que vamos a trazar no pretende ocupar innumerables página, como suele suceder con trabajos al uso, sino hacer acopio de materiales de forma abreviada y mediante cuadros y tablas, cuando ello sea posible. Así, por ejemplo, intentaremos recopilar en una página, en cifras, todos los alumnos que han pasado por el I. B de Fuengirola en estos 22 años, separándolos por cursos y por jornada escolar (diurno/nocturno).

Esta labor nos llevará muchas horas, pues sólo disponemos de datos informatizados para los tres últimos cursos. Los 16 anteriores habrán de ser revisados por las memorias de fin de curso, memorias informativas y por las actas de Claustro o por las del Consejo de Dirección/Escolar. Los tres primeros cursos habrán de ser tratados individualmente a través de los expedientes personales de los alumnos. Este ingente trabajo quedará reflejado en una página, pues de lo que se trata es de conseguir claridad, sencillez y concisión.

De la misma forma actuaremos para formar cuadrantes o listados de cargos directivos, cargos de la A.P.A., profesores, rendimiento escolar, porcentaje de alumnado femenino, etc. Así, revisaremos todo el alumnado del curso 1982/83, siguiendo el Registro de Matrícula, para comprobar los porcentajes de varones y de hembras en el alumnado. ¿Estudiarían más niños que niñas hace quince años o a la inversa? Cruzaremos estos datos con los del curso pasado para visualizar la evolución del acceso a estos estudios, según ambos sexos.

¿Estudiaban más los alumnos de hace una década que los actuales? Indagaremos en el rendimiento académico de los alumnos del curso académico 1985-86, por ejemplo, y contrastaremos esos datos con los provenientes del curso 1995-96, que es el último completo. Para nuestro análisis tendremos en cuenta la fragmentación de la población por cursos, sin olvidarnos de desgajar la jornada nocturna de la diurna, pues presumimos que el rendimiento de los alumnos de Estudios Nocturnos será inferior al de los alumnos de Estudios Diurnos, pues los primeros están sujetos mayoritariamente a una jornada laboral y las más de las veces a parones en los referidos estudios, lo que podría deteriorar el hábito de estudio.

¿Quién sabe en la institución cuántas Juntas Directivas han pasado por la A.P.A.? ¿Cuándo se creó la A.P.A.? ¿Es la A.P.A. actual la misma de siempre? ¿De qué presupuestos dispone el Centro? ¿Cómo han ido evolucianando estos presupuestos a lo largo de los 22 años? ¿Cuál es la colaboración del Ayuntamiento con el Instituto?

Estos y otros interrogantes son los que pretendemos ir resolviendo a lo largo de las próximas páginas. En cualquier caso, este esfuerzo será ímprobo, pero reiteramos la voluntad de presentar el resultado de nuestro trabajo en datos claros, sencillos y concisos, huyendo de la tentación al uso por emborronar muchas páginas, como si las investigaciones científicas se redujeran a una cuestión de pesas y medidas.

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