foto1
foto1
foto1
foto1
foto1

Antecedentes decimonónicos de la Enseñanza Secundaria

Siguiendo a Viñao Frago (1982), a finales del siglo XVIII y en el siguiente, el nivel secundario de enseñanza es identificado, por los ideólogos de la nueva situación política y educativa, como el tipo de educación de las nuevas “clases medias”, autodenominadas “dirigentes” de la sociedad.

La Ilustración no llevó consigo en España un cambio ideológico, económico o en la educación de base, cosa que sí ocurrió en Alemania o Inglaterra.

Uno de los motivos del estancamiento fue la debilidad de las bases materiales y financieras en que se apoyaron las actuaciones educativas en el periodo ilustrado, debido a la dispersión, ocasionalidad y falta de poder o voluntad suficiente. Los gobernantes no fueron capaces de aplicar las rentas eclesiásticas a la educación y ni tan siquiera pudieron disponer para fines públicos los edificios de los jesuitas que habían sido expulsados.

La segunda razón deriva del objetivo de la ideología ilustrada por las disciplinas utilitarias y los enfoques prácticos y concretos, en detrimento de los contenidos humanísticos, clásicos y teóricos, que volverán a reverdecer a mitad del siglo XIX.

Una tercera causa habría que buscarla en la falta de preparación del profesorado en disciplinas hasta ahora extrañas al sistema educativo.

La crisis política abierta por la Guerra de la Independencia hizo que surgieran dos intentos globales de crear un nuevo sistema educativo en ambos bandos contendientes, que no pasaron del mero ensayo.

No obstante, la experiencia impulsada por la Cortes de Cádiz tuvo el valor de ser la primera expresión de una reforma educativa general en la línea ideológica liberal.

Viñao Frago (1982, p. 471) cifra el nacimiento de los Institutos en la segunda década del siglo XIX:

“Más en concreto, en relación al tema aquí estudiado, las `universidades de provincia´ previstas en el Informe Quintana de 1813 y en el proyecto gaditano de 1814, con un plan de estudios marcadamente `moderno´constituían ya todo un nuevo sistema global de educación secundario creado ex novo y serían el más directo antecedente de los institutos”. (subrayado personal)

 

Desgraciadamente, la restauración del absolutismo en 1814 supuso la pérdida de los referidos adelantos en materia de educación.

El ideario liberal tiene una nueva oportunidad en 1820, alcanzando concreción legal (Reglamento de 1821), pero ha de encarar los problemas prácticos derivados de su implantación, revelando sus debilidades, contradicciones y limitaciones de todo tipo.

La característica distintiva del trienio liberal fue el constante enfrentamiento entre los ideales que se querían llevar a la práctica y las limitaciones que imponía la dura realidad, nacida del juego de las fuerzas políticas y asegurando la inviabilidad de cualquier cambio significativo.

El trienio liberal mostró dos lastres fundamentales: 1) El centralismo de la Dirección General de Estudios, que paralizaba los temas concretos, por su incapacidad para resolverlos; 2) La inaplicabilidad de algunos de sus principios ideológicos y legales, como el de la gratuidad de la enseñanza, contestada desde distintos frentes.

El establecimiento definitivo del sistema educativo liberal tuvo lugar entre 1837 y 1857, precedido de un periodo próximo al quinquenio en el que se produjeron los cambios administrativos y financieros que posibilitaron la actuación posterior.

En 1845, el plan Pidal marca el final del establecimiento del sistema educativo liberal, así como el principio de la consolidación efectiva del mismo, completada en 1857, con la Ley Moyano.

Miñao Frago (1982, p. 478) refiere la financiación de la Enseñanza Secundaria en el segundo tercio del siglo XIX:

“El proceso de expansión de la educación secundaria estatal que tuvo lugar en el segundo tercio del siglo XIX, se realizó utilizando el modelo organizativo centralista y su peso recayó en las provincias, sobre los jefes políticos y diputaciones, con el apoyo de algunos ayuntamientos de localidades importantes y de diversas entidades culturales (sociedades económicas), de grupos de padres interesados en la creación de centros docentes en el nivel secundario y de algunas destacadas individualidades del mundo cultural y social de las capitales de provincial o de dichas localidades importantes”.

 

En el fondo, a mediados del siglo XIX, la enseñanza secundaria se va a caracterizar por:

1) Exclusión práctica del sexo femenino.

2) Alta tasa de aprobados.

3) El porcentaje de estudiantes de enseñanza secundaria se reduce al 4´5% de los jóvenes entre 10 y 14 años, y eso incluyendo a los alumnos de los Seminarios y de las “enseñanzas especiales”.

Como consecuencia de estos determinantes, se produce un abismo entre una élite que seguía la vía bachillerato-universidad y una mayoría que quedaba fuera del sistema escolar o recibía una educación de base muy elemental.

Anterior  Indice  Siguiente