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Conclusiones

El propósito del presente trabajo consistía en elaborar una historia -o intrahistoria, de acuerdo con la relevancia social del objeto- del Instituto de Bachillerato de Fuengirola, desde su inauguración en el último trimestre de 1975 hasta nuestros días.

Sin embargo, no nos interesaba la institución como entidad aislada de su contexto social y legislativo, sino inmersa en su contexto natural, donde los datos que aportamos adquieren un valor mucho más rico y una dimensión mucho más universal.

Hemos querido empezar nuestra labor rastreando los antecedentes decimonónicos de los Institutos de Enseñanza Secundaria, conviniendo con Viñao Frago en situarlos en la segunda década del siglo XIX, más concretamente en las `universidades de provincia´ (previstas en el Informe Quintana de 1813) y en el proyecto gaditano de 1814, con un Plan de Estudios marcadamente `moderno´.

A mediados del siglo XIX, la Enseñanza Secundaria apenas si alcanza el 4´5% de los jóvenes entre 10 y 14 años, y eso incluyendo a los alumnos de los Seminarios y de las `enseñanzas especiales´. De este modo, se produce un abismo entre una élite que seguía la vía bachillerato-universidad y una inmensa mayoría que quedaba fuera del sistema escolar o recibía una educación de base muy elemental.

A continuación, hicimos una parada en la Ley General de Educación (1970), cuyo objetivo era `proporcionar oportunidades educativas a la totalidad de la población´. Pasábamos de una educación de élite a una educación de masas. En particular, nos interesaban las prescripciones para el nuevo bachillerato, que estaba llamado a facilitar las oportunidades necesarias para que la Enseñanza Secundaria se hiciera extensible a la práctica totalidad de la población en edad de recibir tales enseñanzas.

Tras el examen de los aspectos pertinentes de la L.G.E., emprendimos la tarea de revisar el Plan de Estudios de 1975 (Decreto 160/75, de 23 de enero). Sólo este repaso nos permite entender convenientemente la función de los E.A.T.P. en los cursos segundo y tercero de B.U.P., como una degradación desnaturalizada de las Enseñanzas y actividades técnico-profesionales previstas en el citado Plan de Estudios. Este Plan se pondría en marcha con el curso 1975/76, coincidiendo con la inauguración del I. B. de Fuengirola. Ese año escolar entró en vigor el Primer Curso de B.U.P., implantándose el resto del nuevo bachillerato en los dos años siguientes, a curso por año.

El Reglamento Orgánico de los Institutos Nacionales de Bachillerato (R.D. 264/1977, de 21 de enero) constituyó nuestra siguiente estación. Este Reglamento tuvo una importancia extraordinaria, ya que reguló las funciones de los Órganos Unipersonales y de los Órganos Colegiados.

El Reglamento en cuestión resucita los Claustros de profesores y pone en marcha los Consejos de Dirección y los Consejos Asesores. Estos órganos colegiados hacen que cambie por completo las viejas estructuras organizativas y suponen el inicio de la participación de la Comunidad Escolar en el gobierno de los Centros: la democratización de la enseñanza.

Otro aspecto fundamental del Reglamento es que contempla la creación de un régimen de horario nocturno para impartir las mismas clases que en el diurno, cuando las circunstancias laborales y sociales así lo requieran. Y las circunstancias laborales y sociales de Fuengirola requirieron rápidamente ese régimen de Estudios Nocturnos: aún no había cumplido los dos años este Reglamento cuanto el Instituto de Bachillerato de Fuengirola ya impartía este régimen de enseñanza.

Para acabar con el marco legislativo, quisimos estudiar el traspaso de funciones y servicios de la Administración del Estado a la Comunidad Autónoma de Andalucía en materia de educación (R.D. 3936/82, de 29 de diciembre). Este traspaso tenía su relevancia, ya que a partir del uno de enero de 1983 íbamos a depender de la Junta de Andalucía casi a todos los efectos, en lo referente al terreno educativo. Nos convenía conocer en cierta profundidad en qué marco administrativo nos movíamos.

Cerrado el contexto legislativo, nos interesaba conocer el contexto social de la Fuengirola en que surge el Instituto de Bachillerato. Para ello, nos remontamos una década en el tiempo con la intención de comprobar las vicisitudes de escolarización en Básica de los alumnos que años más tarde desembarcarían en el Instituto.

En la década de los sesenta se produce un incremento vertiginoso de la población en Fuengirola, tendencia que se mantiene en la primera mitad de los setenta. Es necesario construir escuelas de Enseñanza Primaria por todas partes, centros que se quedan pequeños desde su solicitud a la entrega de las obras. Los “Anexos” intentan solucionar el problema, pero apenas suponen un parche que permite aguantar hasta que se construye el colegio siguiente.

En 1970 se crea el Colegio Reconocido del Ayuntamiento de Fuengirola, donde se impartirán las clases de Enseñanza Media hasta 1975, año en el que se inaugura el Instituto de Bachillerato de Fuengirola. La gestión entusiasta del alcalde D. Clemente Díaz Ruiz permitió sortear los diversos obstáculos que impedían la creación del Instituto hasta ver a éste convertido en realidad.

El Colegio Reconocido del Ayuntamiento de Fuengirola supuso la apuesta decidida del referido alcalde por implantar la Enseñanza Media en Fuengirola; y también supuso un paso intermedio entre los modestos -pero audaces- comienzos de D. Justo y D. Francisco con la Enseñanza Media en Fuengirola y la definitiva institucionalización de ésta, merced a la inauguración del anhelado Instituto de Bachillerato de Fuengirola. Éste fue bautizado institucionalmente con el nombre de Blanca Werner, condesa de San Isidro, en reconocimiento a su destacada contribución en la creación del centro.

Poco después de la inauguración del Instituto de Bachillerato de Fuengirola, empieza a funcionar -como sección delegada- un centro de Formación Profesional, que acabará convirtiéndose en Instituto autónomo con la construcción de un nuevo edificio.

La historia del Instituto de Bachillerato propiamente dicha la iniciamos con su puesta en funcionamiento, analizando los dos o tres primeros años, que tienen buena parte de prehistoria, según la escasez de documentos con que nos hemos encontrado. Los documentos anteriores a la entrada en vigor del Reglamento Orgánico de 1977 pueden considerarse verdaderas reliquias prehistóricas en el tema educativo.

Tras la puesta en funcionamiento, analizamos al profesorado del Centro y su evolución a lo largo de los años, así como al alumnado en su progresión cuantitativa y cualitativa. Los primeros listados de profesores datan del curso 1978/79, si bien nos fue posible reconstruir el listado del año anterior gracias a las actas de los Claustros.

En el capítulo del profesorado hemos destacado su estabilidad en el Centro y su profesionalidad, así como un aumento importante de la plantilla: los 39 profesores del curso escolar 1978/79 se han convertido en 70 durante el año académico 1996/97.

El crecimiento cuantitativo del alumnado hay que valorarlo en ese aumento vertiginoso de la población de Fuengirola, que adelantábamos más arriba. Un dato escalofriante de este aumento es que la matrícula del Instituto creció casi un 400% en los nueve primeros años, mientras que Capitán Díaz (1974, p. 795), incluyendo un año antes, cifra el aumento del alumnado de bachillerato, a nivel nacional, en algo más del 40%, computando la década completa (curso 1974/75 a 1983/84).

En el plano cualitativo, el rendimiento de los alumnos de bachillerato en la actualidad se sitúa en más de cuatro puntos por encima de la media andaluza y otros tantos puntos por debajo de la media nacional. En C.O.U. ese rendimiento se sitúa alrededor de seis puntos por debajo de la media nacional y en torno a cuatro puntos por debajo de la media andaluza, aunque los resultados de los alumnos del Instituto de Bachillerato de Fuengirola en Selectividad son excelentes, lo que prueba que esos puntos de diferencia respecto a las medias nacional y andaluza se deben a un mayor nivel de exigencias por parte del profesorado del Centro.

Un dato presumible, que se ha comprobado, es el menor nivel de rendimiento en el alumnado de los Estudios Nocturnos. Partíamos de la hipótesis de que estos alumnos, que mayoritariamente comparten su tiempo entre el mercado laboral y los estudios, tendrían menos tiempo para estudiar, a la vez que muchos de ellos habrían perdido el hábito de estudio o lo tendrían deteriorado por los parones académicos que suelen sufrir. La hipótesis se cumplió plenamente.

Otro aspecto que hemos estudiado ha sido el porcentaje de varones y hembras en el alumnado y su evolución a lo largo del tiempo. En el curso escolar 1982/83, sorprendentemente para nosotros, las hembras aventajaban a los varones en la proporción de seis a cuatro, o lo que es lo mismo, un 20% más de féminas que de varones. Sin embargo, esa enorme desproporción se ha reducido a poco más de un 3% en el curso que ahora acaba (1996/97). Mientras tanto, la media nacional se encuentra en torno al 10% de predominio de las mujeres; desde el curso 1985/86 al 1994/95 la diferencia a descendido de modo imperceptible: no se ha llegado a una centésima por año.

En cuanto al gobierno del Instituto hemos recogido en una tabla todos los directores con todos los miembros de sus Equipos Directivos. Hemos reflejado el primer Consejo de Dirección y el primer Consejo Asesor del Centro, así como el actual Consejo Escolar.

Los presupuestos de la institución también han sufrido nuestra fiscalización. Éstos se han incrementado desde las 300.000 pesetas del curso escolar 1975/76 a los 9.000.000 pesetas del año académico 1996/97. Ofrecemos un cuadrante con todas las aportaciones anuales realizadas por la Administración educativa (el Ministerio de Educación hasta finales de 1982, y la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía desde principios de 1983).

Hemos pasado revista al personal de la Administración y Servicios, que ha crecido de cuatro a trece miembros a lo largo de estos 22 años. El Instituto abrió con un conserje, una auxiliar administrativo (gratificada por el propio centro) y dos limpiadoras. En la actualidad, la plantilla está compuesta por: 3 auxiliares administrativos, cinco conserjes y cinco limpiadoras.

La Asociación de Padres tampoco ha escapado a nuestro examen. Hemos conseguido recopilar las 14 Juntas Directivas que en el Instituto han sido, resaltando la constitución de la Asociación, así como la refundación de la misma, tras varios años de haberse producido las transferencias a la Junta en materia de educación.

El penúltimo capítulo de nuestro estudio ha estado dedicado a la colaboración del Ayuntamiento de Fuengirola con el Instituto, subrayando una contribución habitual, pero poco intensa, y destacando el giro producido durante el último año, en el que esa colaboración ha ganado bastantes enteros, lo que supone una buena noticia para la Comunidad Educativa.

Finalmente, nos hemos ocupado de las instalaciones del Centro, de su mantenimiento y de las reformas necesarias. Todos los Equipos Directivos, desde hace 20 años, se vienen quejando del mismo problema: masificación. El Instituto tiene muchos más alumnos de los que puede albergar, si quiere proporcionarles una enseñanza de calidad, como la que demanda la sociedad actual.

Por otro lado, la construcción ha cumplido ya más de 20 años, lo que implica un deterioro lógico de los edificios y, por tanto, se requiere una actuación de remozamiento. A la vez, la implantación de la L.O.G.S.E. exige unas instalaciones de las que el Centro carece: Aula de Tecnología, Aula de Música, Aula de Informática y Aula de idiomas.

La Delegación Provincial de Educación se ha comprometido a ejecutar una serie de obras de menor envergadura en un breve plazo de tiempo, a la vez que ese compromiso se extiende a incluir las obras de mayor envergadura en le presupuesto del próximo año. De este modo, el nuevo Equipo Directivo tendrá que visitar con asiduidad la Delegación, si quiere cerciorarse de que estas obras tendrán prioridad. Apenas funcione la constancia, la implantación de la L.O.G.S.E. será un buen aliado para que estas demandas se conviertan en realidad.

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